Mourinho, palo y zanahoria
Venían los cuchillos afilados tras el sonrojo del miércoles. Y entonces presenciamos anoche en el Bernabéu un partido divertido como hacía tiempo no nos tocaba ver. Un Athletic de Bielsa que jugó muchísimo, sobre todo en el primer tiempo, que al final se llevó un marcador que no le hace justicia, todo que hay que decirlo. Pero es que enfrente tuvo un Madrid con futbolistas, imaginación, talento y sentido ofensivo. Sí, después de lo del miércoles. Lo que pasa es que ya no cuela. No es la primera vez que José Mourinho nos da zanahoria cuando se ve cuestionado. Cuando percibe el run run de la grada ilustrada, cuando hasta la prensa incondicional chirría, saca el gesto para la galería, un Madrid jugón, diversión para el respetable y de nuevo todos contentos. Una vez recuperada la posición, cuando siente que ya están todos otra vez con él y llega el próximo compromiso importante, ya retoma su estado puro, vuelve a atizarnos con el palo y a llenar el pasto de picapedreros. La mayoría ya no se acuerdan, es que cada vez abundan más las memorias de pez, pero la temporada pasada tuvimos varios episodios. Después del dubitativo y soporífero comienzo, nos dio dos o tres sesiones de goleadas y cambió las percepciones; y ya en el tramo final, eliminados de la Champions y con la Liga fuera del alcance, se esforzó por dejar un buen sabor de boca a la afición mosqueada, Özil y Kaká en dosis excepcionales, Cristiano en pos del record, toque y festival para la plebe. Y este año, cuando el cisma ocasionado en los partidos contra Levante y Racing. Y así, ayer, la alineación inicial era de frotarse los ojos. Ni rastro de Lass, Coentrao, Altintop… aparte la lesión “técnica” de Pepe. Se respetó el fútbol y el fútbol respetó al Madrid. Y hala, todos a aplaudir y corear, el entrenador es tan listo y los demás tan imbéciles. Solo que algo me dice que esta vez a lo mejor no le va a bastar la jugada. En esta ocasión el ruido de fondo no llega de lo que él llama los pseudomadridistas, que por otro lado se me antoja que cada vez, poco a poco, vamos siendo más. Qué va, el sopapo ha venido del Marca. Y si viene de ahí, a lo mejor es que el aviso proviene de más arriba. O del más allá si lo prefieren, del entorno “superior”. Que no nos engañemos, las fidelidades de Florentino serán muy firmes e inquebrantables hasta que un día se quebrantan, y ya lo sabemos. El año que viene toca elecciones y no le va a temblar ningún pulso ni se le va a resistir promesa ni juramento de sangre si ve que tiene que despojarse de cualquier factor o elemento que amenace su reelección, en tanto en cuanto esté pendiente la hiper remodelación del estadio. Y me da que Mourinho lo sabe, ha captado el envío. Ayer le vi el gesto en la rueda de prensa. Sin perder la chulería en ningún momento, faltaría más. Pero su cara era otra. Me recordaba a esas películas de la Mafia en las que el hasta ese momento intocable y protegido, de pronto ahora percibía el inconfundible y taimado perfume de las confianzas que han cambiado de viento. Y muy bien sabe, mejor que nadie, el destino que esos nuevos aires auguran. Tranquilo no es nada personal, Mou. No sé, quizás sea sólo una impresión.
